Historia de Colágeno Natural

El colágeno obtenido de la piel de pescado representa, sin discusión alguna, un gran descubrimiento de la ciencia polaca. El problema está en que no se trata éste de un descubrimiento hecho por una persona en concreto sino de un conjunto de acciones de perfeccionamiento llevadas a cabo en el transcurso de muchos años. No existiría el colágeno polaco de pescado de no haber existido la escuela polaca de bioquímica (a la que hay que reconocerle su gran importancia a escala mundial) de la antigua República Popular de Polonia.El buque M. S “Profesor Siedlecki”

En los años 70 del pasado siglo XX la ciencia polaca sobresalía en el campo de la obtención de proteínas provenientes de organismos marinos. Éramos uno de los pocos países que contaba con una unidad marítima de investigaciones científicas; el buque M. S “Profesor Siedlecki”, que se hizo famoso en todo el mundo, entre otras cosas, por sus precursores experimentos para obtener proteínas de consumo a partir de las inmensas reservas que hay de éstas en el plancton del kril antártico, por citar un ejemplo.
 

Pasaron los años. El mundo resolvió el problema de la escasez de proteínas mediante los alimentos transgénicos. China y La India se convirtieron en exportadores de arroz. El buque M. S “Profesor Siedlecki” se ‘fue a pique’... Y quedaron 60 bioquímicos perfectamente preparados, de entre los cuales 12 alcanzaron el título de profesor, que no tenían muy claro cómo utilizar el conocimiento adquirido durante todo ese tiempo.
Estas personas sabían mucho acerca de la bioquímica de las proteínas de los peces pero no tenían oportunidades reales de obtener beneficios de ese conocimiento. Vale la pena mencionar nombres como los de Ilona Kołodziejska, Maria Sadowska, Edward Krajewski, Mieczysław Skrodzki..., aunque hay muchos otros, desde luego …
 

La ciencia polaca durante ese tiempo desarrolló en el Instituto Politécnico de Gdansk, entre otros, un método para la obtención de una gelatina de consumo a partir de residuos de la industria de procesamiento del pescado; residuos estos altamente cotizados por muchos países en vías de desarrollo.
Una especificidad político-económica de nuestro país consiste en el hecho de que disponiendo de una tecnología única para obtener una gelatina de consumo segura, producida a partir de una materia prima que podemos obtener con beneficios, somos importadores de gelatina; o nos vemos involucrados en escándalos ‘gelatinosos’.
 

Algo muy parecido sucede con el colágeno. El que había sido obtenido ya en los años 80 a partir de la piel de pescado no logró nunca ningún apoyo financiero. La primera patente de colágeno, Nr. 167114, cuya descripción pueden ustedes encontrar en la página web www.uprp.pl (pinchando luego en „bazy danych” – „wynalazki” „wyszukiwanie proste”, „nazwa uprawnionego”, „skrodzki”) nunca llegó a lograr un uso comercial... hasta que no se extinguió su derecho de exclusividad. A este invento le faltaban entonces obviamente dos elementos: una correcta elección del género de pescado y un perfeccionamiento de la etapa de filtrado final.
 

El colágeno de pescado es un hidrato; un preparado albuminoso natural que mantiene su consistencia gelatinosa y, de esta forma, su actividad biológica sólo hasta una temperatura determinada. Ese límite es a su vez establecido por los niveles de hidratación y densidad, y depende, ante todo, de a qué temperatura ambiente vivía el pez; que es en este caso nuestro donante de colágeno.
El colágeno humano ‘se desprende’ de su cadena ínter espiral a una temperatura de 420C y entonces muere junto con el resto del organismo. El colágeno de pescado se diferencia muy poco del colágeno humano. Le es sorprendentemente mucho más similar bioquímicamente que el colágeno bovino; el cual resulta perfecto para los implantes pero ya no tan bueno para fabricar cremas. Una de las diferencias estriba precisamente en la resistencia a la temperatura.
Los peces, vertebrados de temperatura variable, adaptan la temperatura de su organismo al medio ambiente.

El inevitable éxito global de este sensacional producto no dependerá en modo alguno ni de certificados ni de vistos buenos, ni siquiera de las más extraordinarias investigaciones clínicas sino de que, con relación a su temperatura de almacenamiento, se nos ofrezca la garantía de que se podrá utilizar el producto final en las condiciones del hogar. Así pues, la demanda no la determinan los lauros de los creadores de opinión, sino la efectividad real del producto en las condiciones actuales de la cómoda vida de su consumidor final.
 

Atendiendo precisamente a estas premisas en el año 2004 COLWAY escogió como abastecedora y productora a la empresa Inventia Polish Technologies, que había logrado adelantarse a la competencia justamente en la resistencia térmica del colágeno. El colágeno de otras compañías (biológicamente activo, desde luego, pero que mantiene su estructura espiral hasta una temperatura máxima de 200C) exige ser almacenado en el refrigerador y, por lo tanto, es éste de producto incómodo; mucho más difícil de ser utilizado.
Vendemos cerca del 65% del colágeno producido en Polonia. COLWAY patrocina, de forma experimental hasta el momento, varias investigaciones para lograr obtener colágeno mediante el uso de filtros de polímeros (mucho más eficaces que los de fibrinas de seda) a partir de piel de panga, de siluro africano y de carpas que ceban en aguas tropicales.